martes

Sin nadie al piano.

 

Susúrramelo. Susúrramelo lento. Dime que algo nuevo va a pasar.
Dime que mis soberbios labios dejarán atrás las huellas.
Que la niebla ya no desdibujará mi mirada clavada en tus noches.
Noches pensantes de dramáticos guiones que quedan inacabados.
Noches que pasan y traspasan el límite de los deseos y estímulos.
Susúrramelo. Susúrramelo desquiciado.
Como un esquizofrénico sin abismo, sin sentimientos ni apariencia.
Tan alto que retumbe en mi alma y desnude mi piel de mármol fusilado.
Piénsame y déjame hablarte, diciéndote todas esas cosas que callo
Aguardo aquí, con el miedo y la desidia a ser nocturna y chocarme con tus manos.
Susúrramelo. Susúrramelo a lo lejos.
Mis pies se mueven indecisos caminando por este desierto enjaulado.
Y encuentro tus huellas, sedienta de tus labios
Y el sol renace de la niebla y tus noches se fijan en mis pupilas con millones de respuestas
Días sin guionista, sin nadie al piano, sin preguntas ni expresión aparente
Días ausentes entre tus ojos y los míos, tu boca y la mía.
Días ocultos trás noches apasionadas.


18 años.
Se me hunden los dedos en cada diario que escribo pues la realidad se transcribe a través de recuerdos y experiencias del pasado.
Tanta fuerza entre cadenas de hierro, tanto que decir escondiéndome de las palabras que callo, tanto que no se como expresarlo.
Son extinciones de memorias perdidas de gárgolas cabizbajas, son palabras que otros beben, son estatuas que se mantienen al margen del total que con el tiempo se agrietan junto a el cielo apagado repleto de miradas bañadas de esperanza y duda.





Oraciones dubitativas se leen en cada mente, en cada beso, en cada sonrisa inerte. Dibujamos formas de ser a nuestro modo, la mano actúa como manda el cerebro el cual se divierte traduciendo mentiras y trastocando realidades evidentes para así hacernos creer que somos felices, para no juzgarnos por dentro, para no aceptar que solo somos una simple roca sin sentido.
Y no, recalco, no tenemos sentido. Pero nos gusta jugar a engañar a las ideas hasta enfurecerlas y volverlas del revés. Y esta es nuestra inteligencia.
Vivimos sabiendo que estamos encerrados en un reloj de arena donde algún día solo estaremos enterrados en el desierto.
Sin nadie que nos ayude a romper el escenario, sin una motivación fuera del cristal.
Solos.
Con el miedo a chocarnos con la realidad y resbalar hasta el límite...

18 años.