Se me hunden los dedos en cada diario que escribo pues la realidad se
transcribe a través de recuerdos y experiencias del pasado.
Tanta fuerza entre cadenas de hierro, tanto que decir escondiéndome de las palabras que callo, tanto que no se como expresarlo.
Son extinciones de memorias perdidas de gárgolas cabizbajas, son palabras que otros beben, son estatuas que se mantienen al margen del total que con el tiempo se agrietan junto a el cielo apagado repleto de miradas bañadas de esperanza y duda.
Oraciones dubitativas se leen en cada mente, en cada beso, en cada sonrisa inerte. Dibujamos formas de ser a nuestro modo, la mano actúa como manda el cerebro el cual se divierte traduciendo mentiras y trastocando realidades evidentes para así hacernos creer que somos felices, para no juzgarnos por dentro, para no aceptar que solo somos una simple roca sin sentido.
Y no, recalco, no tenemos sentido. Pero nos gusta jugar a engañar a las ideas hasta enfurecerlas y volverlas del revés. Y esta es nuestra inteligencia.
Vivimos sabiendo que estamos encerrados en un reloj de arena donde algún día solo estaremos enterrados en el desierto.
Sin nadie que nos ayude a romper el escenario, sin una motivación fuera del cristal.
Solos.
Con el miedo a chocarnos con la realidad y resbalar hasta el límite...
Tanta fuerza entre cadenas de hierro, tanto que decir escondiéndome de las palabras que callo, tanto que no se como expresarlo.
Son extinciones de memorias perdidas de gárgolas cabizbajas, son palabras que otros beben, son estatuas que se mantienen al margen del total que con el tiempo se agrietan junto a el cielo apagado repleto de miradas bañadas de esperanza y duda.
Oraciones dubitativas se leen en cada mente, en cada beso, en cada sonrisa inerte. Dibujamos formas de ser a nuestro modo, la mano actúa como manda el cerebro el cual se divierte traduciendo mentiras y trastocando realidades evidentes para así hacernos creer que somos felices, para no juzgarnos por dentro, para no aceptar que solo somos una simple roca sin sentido.
Y no, recalco, no tenemos sentido. Pero nos gusta jugar a engañar a las ideas hasta enfurecerlas y volverlas del revés. Y esta es nuestra inteligencia.
Vivimos sabiendo que estamos encerrados en un reloj de arena donde algún día solo estaremos enterrados en el desierto.
Sin nadie que nos ayude a romper el escenario, sin una motivación fuera del cristal.
Solos.
Con el miedo a chocarnos con la realidad y resbalar hasta el límite...
18 años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario