Me da grima caminar de puntillas y escuchar esos susurros entreabiertos. De palabras que no saben lo que dicen y ni si quiera a quien se lo cuentan.
Me siento devastada y perdida en un reloj de arena efímero y un cuchillo se desliza por mis pies amartillados para sangrar descargar y derramar lo único que me queda de quien fui cuando aún sufría.
Me estoy transformando en algo sin sentimientos, sin mitad ni éxtasis, sin remordimiento de no autocontrolarse, de no tropezarse porque ya estoy enterrada y ocupo el espacio que otras esencias deberían ocupar por mi.
No le encuentro sentido a relacionarme con los demás pues son esponjas que absorben y sueltan todo sin llegar a alcanzar sus sueños miserablemente mientras se van pudriendo con el vapor que se derrite en sus aires vertiginosos que ni siquiera ellos mismos respiran.
Soy una apática trastornada sin un abecedario descifrable a la que no le importa ni nada ni nadie de su alrededor ni siquiera si misma maquillada de ganas de vivir.
Me doy vergüenza cuando mendigo amor a aquel elemento anclado en las melancolías que se ha creado el solo, para que intentar cuando el resultado se va a reducir a matar unos labios agrietados y un lo siento más.
Si por lo menos sirviese para algo entonces podría tener utilidad, un sentido, una lógica, unos ojos sin necesidad de mirarse a los espejos inventados del rincón de los infiernos.
El mundo giraría y atravesaría cada estrella de oro, viviría en un paraíso atonal y me resbalaría el agua estremecida y azul de las virutas de nieve por mis brazos semiabiertos con ganas de amar y de volver a revivir todo lo que existió en otras mentes atrás.
Me siento devastada y perdida en un reloj de arena efímero y un cuchillo se desliza por mis pies amartillados para sangrar descargar y derramar lo único que me queda de quien fui cuando aún sufría.
Me estoy transformando en algo sin sentimientos, sin mitad ni éxtasis, sin remordimiento de no autocontrolarse, de no tropezarse porque ya estoy enterrada y ocupo el espacio que otras esencias deberían ocupar por mi.
No le encuentro sentido a relacionarme con los demás pues son esponjas que absorben y sueltan todo sin llegar a alcanzar sus sueños miserablemente mientras se van pudriendo con el vapor que se derrite en sus aires vertiginosos que ni siquiera ellos mismos respiran.
Soy una apática trastornada sin un abecedario descifrable a la que no le importa ni nada ni nadie de su alrededor ni siquiera si misma maquillada de ganas de vivir.
Me doy vergüenza cuando mendigo amor a aquel elemento anclado en las melancolías que se ha creado el solo, para que intentar cuando el resultado se va a reducir a matar unos labios agrietados y un lo siento más.
Si por lo menos sirviese para algo entonces podría tener utilidad, un sentido, una lógica, unos ojos sin necesidad de mirarse a los espejos inventados del rincón de los infiernos.
El mundo giraría y atravesaría cada estrella de oro, viviría en un paraíso atonal y me resbalaría el agua estremecida y azul de las virutas de nieve por mis brazos semiabiertos con ganas de amar y de volver a revivir todo lo que existió en otras mentes atrás.
17 años
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