martes

Pour toi, une grand-mere precieuse.

1 año, 6 meses y 20 días y es ahora cuando tomo la valentía o cobardía de dirigirme hacia ti pues ya estoy mejor. Pero no hay día en que no me acuerde de ti. Ni uno, lo prometo.
He sido egoísta al no querer ver lo que ante mis ojos se mostraba. Tu. Te hacías débil, delicada, con espinas de escombros, frágil, suave, con ganas de seguir pero con todo acabado, con ganas de empezar pero con terror a lo desconocido.
Mientras tanto a mí me sobraban las ganas de continuar, de crear, la fuerza, el brillo en mis ojos, el nácar de mis piernas, la suerte, la fragancia del tiempo, el desorden y el caos de la naturaleza armoniosa.
Me sobraba todo aquello que conseguí contigo y que nunca hubiera obtenido antes si tu hubieras existido en mí.
Pasaste por mi mundo durante 15 años. No podía pedirte los 16 aunque solo faltasen unos días pero créeme, se que lo intentaste para pasar mas tiempo a mí lado, para seguir anudándome aun habiendo perdido parte de ti, trastornada y sin observarte a ti misma, con ganas de querer, ganas de no caminar hacia el destino y luchando contra el universo contra la naturaleza y las palabras, contra el sonido y contra el retorno de la marea alta. Pero no pudo ser.
Luchando hasta el final con las alas descosidas, con los labios agrietados y manchas. Tu final. Lo decidiste, o…puede que no, espero poder saberlo en alguna ocasión.
Recuerdo el día en que me despedí de ti. Fue un presentimiento frío y seco, una sonrisa fingida con un adiós entre lágrimas y un vacío tembloroso.
Dos días antes de que pasara mí madre y yo te compramos un puzzle que constaba de 9 piezas, para que practicases tus habilidades y no pensases en oscuro
Tú dormías sin dejarnos ver tus ojos. Mis ojos.
Fuimos a verte con desgana pero ahora daría lo que fuera por volver a estar a tu lado. Ese momento se me deslizo de entre los brazos por imprudente, por infantil, por juventud, lo deje ir.
Te despertaste dejándonos ver tus preciosos ojos ya devastados y cansados de tanto mirar. Nos conociste, una vez más y la última en mi caso.
Con el esfuerzo de respirar atada a mil cables intentaste hacer el puzzle y mi madre y yo nos gritábamos sin respetarte, sin respetar nada.
-No me gusta que discutáis. Siempre estáis igual-
Y esa frase fue la más elegante que nunca me dijeron. No habías encajado absolutamente ninguna pieza e incluso las ponías del lado contrario. Tu mente se había fugado pero tu corazón aún estaba ahí y no, ¡no lo escuchamos! porque a día de hoy seguimos discutiendo hasta que yo me acuerdo de ti. De una flor marchita que brillaba mucho más que las vivas mates.
A la hora de despedirnos todo fue tan distinto…Yo lo había comprendido todo .Esta vez no fueron dos besos de tradición, fueron dos besos con cariño, un abrazo profundo y un te quiero que yo no suelo pronunciar.
Se me derramó una lágrima y rápidamente la hice desvanecerse. No quería que te preocuparas más por mí. Ya no.
Te sonreí sin ganas de hacerlo y dije adiós.
-Es el final y ella lo sabe.-comenté a mi madre bajando muy despacio los escalones.
Ella me contesto que la flor marchita parecía que en todo momento iba a caer pero que nunca lo hacía.
Llegó el día.25 de diciembre del 2009.
-Ha muerto. La noche de nochebuena no te lo comunicamos antes para que no lo pasarás mal hasta hoy. La abuela y ella se gritaron, se sentó y dijo que se iba a morir,(pero eso siempre lo decía) paró su corazón aun teniendo pulso y le hicimos el boca boca. Pero ya se había ido-
Yo rompí a llorar, echa trizas, devastada por el trágico infinito, buscando el amor que te debía de haber dado antes de perderte.
Fuiste la que me crío, por la que me ponía triste cuando marchabas sin besarme, la que me ha hecho feliz, la que ayudó a mi madre cuando ella estudiaba en la universidad, la que jugaba conmigo cuando me sentía mal y empapabas los paños en agua helada.
Fuiste.
La lluvia estremecedora y melancólica acompañaba los sentimientos de la tarde.
Tu cuerpo, a través de dos cristales. No pude ver nada más, ninguna expresión en tu rostro, ningún gesto ni ningún movimiento de manos. Solo unos labios curvados en dirección a la gravedad.
Mientras tanto de reojo tenía que soportar como gente que no sabía nada de ti estaba haciendo el paripé por quedar bien, hablando de recetas de cocina y de lo guapos que estaban sus hijos.
El funeral fue rápido, enterraron una flor hueca pero con su fragancia descabellada entre el arco iris.
Enriqueta Izquierdo. Podía leerse mientras caías en una caja encerrada aún teniendo claustrofobia.
Pero no, esta vez no se escuchó ningún miedo ni ninguna queja por tu parte.
Solo las lágrimas guiadas entre suspiros y pensamientos que trataban de huir.
Caras desconocidas me abrazaban, incomprensiblemente y con sus ojos me decían lo siento, como si pudieran cambiar con sus sílabas los hechos, cómo si algo de lo sucedido no fuera a marcarse en mi vida.
Soñé tantas veces contigo y me decías tanto en tan pocas palabras…y sé que no te olvidaste aún de mí, se positivamente que nunca lo harás y yo tampoco. Espero volver a verte sea donde sea con forma o sin forma, pero verte.

17 años.

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